
La primera Junta general de la nueva Hermandad, se celebró en las antiguas escuelas de San Francisco, el día 20 de marzo de 1887, con asistencia de los ex-priores de las extintas cofradías y gran número de hermanos.
Se leyeron las Constituciones y Reglamento, acordándose imprimirlos y se procedió a la elección de Prior (que merecidamente recayó en don Serafín Mata) y de los seis sub-priores y doce diputados que completaron la Junta de Gobierno.
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En siguientes reuniones, se proveyeron los cargos de Capellán, Secretario y Tesorero; se nombró primer hermano al Sr. Obispo, se cursaron oficios a todas las Autoridades y se fijó el post mortem con carácter provisional Con los fondos que tenía allegados la Hermandad del Sepulcro y algo más que se pudo recoger, se costeó el nuevo paso del Cristo Yacente, obra del escu1tor Vallmitjana, y seguramente la más artística de cuantas posee la Hermandad. La Junta de Gobierno, entendió desde un principio que había que enriquecer la procesión. Mas como los elementos y recursos existentes eran escasos, estudió una organización a base de aumentar los grupos alegóricos, figurantes, soldados romanos y coros de música. |
Don Serafín Mata |
El sentido "alegórico-bíblico" de la nueva procesión, con predominio de "pasos vivientes" fue explicada al público por medio de un folleto de 39 páginas. Salió reformada de este modo el año 1888 y así continuó durante una treintena de años.
El mismo año y por un exceso de delicadeza que sería incomprensible en nuestros tiempos, dimitió su cargo el primer Prior. Su gestión había sido corta pero suficientemente eficaz para imprimir a la Hermandad una orientación y rumbo acertados, que afortunadamente se han sabido continuar.
En el año 1892 se adquieren dos imágenes, de la Virgen y San Juan, para completar el paso de Jesús Crucificado. Este grupo figuró muchos años en el testero de la capilla de la iglesia de San Agustín, donde está radicada la Hermandad.
A sus pies se colocaba el Santo Sepulcro, y en las paredes laterales, los demás pasos.
Aun cuando la Hermandad tenía este Santo Cristo, obtuvo muchas veces permiso del Cabildo Catedral, para sacar en la procesión el Cristo del Trascoro.
Del año 1893, es la iniciativa de subdividirse la Junta de Gobierno en varias Comisiones. La eficacia de las mismas ha sido comprobada con la experiencia.
En 1898, la Hermandad se muestra muy activa. Se modifican los grupos de los atributos (Colegio de Huarte) y de las tribus (PP. Escolapios) mejorando las ropas.
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Se introduce asimismo en la Guardia Pretoriana la figura del Centurión (a caballo) y se viste a veinte soldados romanos, encargándose las armaduras a un hojalatero local. Para alumbrar el Sepulcro, se formó el grupo de porta hachas, "con trajes de gran valor, por representar magnates de la antigüedad". Por estas fechas, la Hermandad cuenta ya con un considerable volumen de efectos y ropas. Para conservarlos en buenas condiciones, se alquila una bajera y entresuelo en el núm. 37 de la calle Estafeta por la módica suma de 15 pesetas al mes, y se concierta un seguro de incendios. |
A partir de este año, la Junta se reúne en dicho local. Como carece de instalación eléctrica, un hermano regala doce palmatorias.
Con esta iluminación, y entre ropas antiguas, armaduras, faroles y estandartes, se sientan los beneméritos hermanos de la Junta, a "conspirar" los preparativos de la procesión.
El año 1889, debe señalarse por haberse iniciado en él, la hermosísima costumbre de acompañar la Junta y hermanos, con luces, a la imagen de la Soledad, en su retorno a la iglesia de San Lorenzo después de la procesión.
El año 1902, la Junta aprecia con satisfacción "que la procesión de Viernes Santo de Pamplona, ha llegado a ser una de las principales de España". Se estimaba asimismo que se había terminado felizmente su reforma en cuanto a grupos alegóricos e indumentaria y que era llegado el momento de hacer pasos nuevos.
Pero antes de acometer tal empresa, hay que mejorar lo existente, repintar los pasos, comprar armaduras y vestimenta.
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Dominaba un criterio tan económico, que al reformar el paso del Ecce-Homo, se confeccionó "un traje riguroso de senador romano para Poncio Pilato" y se aprovechó el vestido viejo para hacerle una túnica al soldado romano que le acompañaba. Laudable economía, que sin duda hubiera sido muy elogiada por la Administración imperial, de haber llegado a su conocimiento. Tres años más tarde, la junta creyó llegado el momento de enriquecer el patrimonio artístico: "En vista de que este año no ha salido la procesión y se economiza algún dinero a la Hermandad, y las gentes están en la creencia de que el año que viene se estrenará algún paso nuevo, pues verdaderamente hace falta el Descendimiento de la Cruz". |
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Convocado el oportuno concurso, fue elegido el proyecto inspirado en el famoso cuadro de Rubens, presentado por una casa de Barcelona, y cuyo coste era de seis mil pesetas. Fue su autor, el imaginero Castellanas.
En marzo del año siguiente (1906) ya estaba terminado, "habiendo gustado a las personas inteligentes".
Su enorme tamaño originó algunas complicaciones; por de pronto, tropezaba con los cables del alumbrado, lo cual se remedió levantándolos para que pudiera pasar.
Pero el mayor inconveniente era que no cabía en la capilla de San Agustín, donde se guardaban los demás pasos, por lo cual hubo que obtener permiso para alojarlo en la Catedral.
El lugar destinado fue la capilla de las Animas (tercera de la nave lateral izquierda) donde estuvo colocado "El Descendimiento", en forma de altar, bastantes años.
Este paso se alumbraba en la procesión con unas candilejas de carburo llevadas por hermanos entunicados. Después se fijaron en las andas.
Cosa natural es, que a lo largo de los años surjan en cualquier entidad por seria que sea, casos pintorescos. Una buena señora insistió en el año 1908 en ofrecer a su niño para que saliera en la procesión. Se comprometía a vestirlo por su cuenta con túnica blanca, manto azul con galón plateado, un cantarito de hojalata, sandalias con cinta azul, media blanca y peluca rubia.
En contraste con este sencillo rasgo de buena voluntad, el monitor denunciaba el caso de un soldado romano, vecino de un pueblo próximo, "que debe las cuotas de más de dos años, y a pesar de las promesas que hace cuando viene, para que le dejen vestir, no se ha puesto al corriente, ni parece tenga intención de hacerlo".
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Junto a estos episodios que harían sonreír a los directivos, se les presentaron dos problemas, que hubieron de ponerles serios. La casa donde guardaba sus efectos la Hermandad, había sido vendida, y el comprador necesitaba las bajeras para su industria. Asimismo el viejo frontón de Galbete, donde se repartían las hachas a los hermanos, iba a ser sustituido por el nuevo, cuya cancha se perjudicaría por el goteo de la cera. Se plantea, por tanto, el grave problema que ha inquietado a la Hermandad durante muchos años: la falta de local propio, para guardar los pasos y efectos de la procesión.
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Junto a estos episodios que harían sonreír a los directivos, se les presentaron dos problemas, que hubieron de ponerles serios.
La casa donde guardaba sus efectos la Hermandad, había sido vendida, y el comprador necesitaba las bajeras para su industria. Asimismo el viejo frontón de Galbete, donde se repartían las hachas a los hermanos, iba a ser sustituido por el nuevo, cuya cancha se perjudicaría por el goteo de la cera.
Se plantea, por tanto, el grave problema que ha inquietado a la Hermandad durante muchos años: la falta de local propio, para guardar los pasos y efectos de la procesión.
De momento se resuelve alquilando por treinta pesetas mensuales una bajera en la casa número 20 de Mercaderes, con acceso a la número 12 de Calderería, y para el reparto de hachas se utiliza la antigua huerta de la calle Compañía.
En. este y sucesivos años va en aumento el número de penitentes, que descalzos; o con cadenas se incorporan a la procesión. Para el mejor orden del grupo, se les exigía permiso escrito del Prior.
Hasta la fecha, el alumbrado de las procesiones, no había planteado ninguna dificultad. El precio de las hachas "todo cera" seguía inalterado desde el pasado siglo. Su coste que en 1890 era de 3,50 ptas. la pieza, llegó a bajar a tres pesetas.
Aún así parecían algo caras, y la Hermandad acogió complacida la oferta de un cerero local "que ha ensayado un nuevo procedimiento para fabricarlas más baratas".
Efectivamente, con el empleo de la parafina se rebajó su precio a 2'75 pesetas. La Hermandad contrató el servicio por tres años, y en una de las cláusulas del condicionado, se prevée el caso de "rotura de hachas por causa de desorden público".
Esta cláusula no se había puesto sin motivo. Desde el año 1909 (Semana trágica de Barcelona) se extendía por toda la Nación una intensa campaña anti-religiosa, reflejada al año siguiente en la Ley de Asociaciones (Ley del Candado) y proyecto de escuelas laicas, que provocan una fuerte reacción católica.
También llegan a Pamplona (a pesar de su tradicional religiosidad) algunos ramalazos de opinión anticlerical. En el año 1911, la Hermandad se vio precisada a dirigirse a las Autoridades a fin "de que corten los escandalosos alborotos que ya en los años anteriores, vienen produciendo delante de la procesión algunos grupos de revoltosos mal avenidos con la peculiar religiosidad de esta capital".
No estaba por tanto demás el prevenir en el contrato de ceras, la rotura violenta de hachas por algún hermano de poca paciencia.
El estado económico de la Hermandad era próspero por lo que el año 1914, se decidió encargar otro paso.
Un jurado compuesto por los pintores Ciga y Zubiri y el arquitecto Goicoechea, elige entre tres proyectos "El Prendimiento", presentado por don José Ríus, escultor de Barcelona.
Su coste fue de 4.900 pesetas y ya estaba terminado para la procesión del año siguiente. Este paso se guardó en la Catedral, junto al Descendimiento.
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El año 1916 el Ayuntamiento mostró interés por la procesión "a fin de fomentar el creciente concurso de forasteros que vendrían a Pamplona al igual y mejor que a otras poblaciones que llevan fama acreditada en este sentido". Se tuvo una reunión con la comisión nombrada al efecto y en ella se estudiaron algunas iniciativas. Pero la Hermandad ha sido siempre celosa para no confundir sus elevados fines espirituales con los del turismo. Por ello, se convino solamente en variar el itinerario de la procesión, sustituyendo el trayecto de la calle de San Francisco por los de Taconera y San Antón. El año 1916 no salió la procesión por causa de la lluvia y el público piensa enseguida que con las economías se podrá hacer un nuevo paso. |
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Pero la Junta no se decide hasta el 1918. Comenzó por abrir una suscripción pública que dio el brillante resultado de 19.000 pesetas y animada por el éxito anunció un concurso para la ejecución de dos pasos: La Cena y La Oración del Huerto.
Entre ocho proyectos presentados, el Jurado eligió los correspondientes al lema "Bonaerges" y "En verdad os digo" cuyo autor resultó ser don José Ríus, de Barcelona. Se ofrecía a ejecutar La Cena por 15.500 pesetas y La Oración por 7.000 pesetas.
El escultor catalán Ríus (el mismo del Prendimiento) había caído con buen pié en nuestra Ciudad. Tanto gustaron sus obras, que se acordó encargarle para más adelante el paso de La Caída o La Cruz a Cuestas.
La guerra europea comienza a producir sus consecuencias. Escasea la parafina, y sube el precio de las velas.
En enero de 1919 llega el paso de La Cena. Su peso es muy grande y hay que transportarlo sobre un "camión".
La Junta general se celebró con gran entusiasmo. Visto el resultado de la suscripción, los hermanos creían fácil, comprar andas nuevas, carruajes, alumbrado, etc., para todos los pasos.
Pero la comisión de Hacienda frenó tanta alegría con un serio informe. Había déficit, y para cubrirlo y afrontar nuevos gastos era necesario solicitar un préstamo de los Fondos Diocesanos.
El Sr. Obispo concede generosamente el préstamo sin interés ya largo plazo; con este dinero se compraron tres "camiones".
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El siguiente año, se invita a los Hermanos Maristas para que presenten un grupo de profetas en la procesión a semejanza de lo que hacen los Padres Escolapios y el Colegio de Huarte. Este mismo año se encargó a don José Ríus el paso de La Cruz a Cuestas, por un coste de 15.200 pesetas incluidas las andas. Una distinguida señora, donó para este fin, seis mil pesetas. En la procesión de 1923, desfiló ya el nuevo paso. Por este tiempo se entró en relación con la Hermandad de Labradores, propietaria de un paso llamado "La Despedida", que también salía en la procesión, a fin de reformarlo y ponerlo a tono con los demás. |
Fruto de la colaboración de ambas Hermandades, fue la sustitución del viejo paso, por otro de "La Entrada en .Jerusalén", obra del malogrado escultor pamplonés Ramón Arcaya y que resultó verdaderamente artístico e inspirado (1924).
Para acompañarle en la procesión se confeccionaron cuarenta vestidos de niños hebreos, que regaló una señora devota, que en repetidas ocasiones demostró su amor a la Hermandad.
Sería difícil enumerar a las personas que a través de los años se han distinguido por su generosa contribución a la Hermandad: Comerciantes, industriales, profesionales de la arquitectura, escultura y pintura, señoras encargadas de vestir los pasos, donantes particulares, familias cuyos apellidos están estrechamente vinculados a nuestra Asociación.
Si pretendiéramos nombrarlos a todos, incurriríamos en omisiones imperdonables y seguramente ofenderíamos su modestia. Pero en los libros de actas y de cuentas, encontramos elocuentes testimonios de tanta devoción y amor por las cosas de la Hermandad.
La adquisición de los nuevos pasos planteó el problema de su alojamiento. Esta vez se resolvió utilizando algunas bajeras del viejo Convento de la Merced.
En aquella época estuvo de moda el dotar a los .pasos de su "camión" correspondiente. Se encontraba excesivo su peso, o quizás la gente era más comodona que ahora.
Los felices años 20, vienen caracterizados por una frivolidad que afortunadamente no hace mella en nuestra vieja Cofradía:
Se pretendió encuadrarla entre "las fuerzas vivas de la población" invitándola a recepciones oficiales, y hasta a formar parte de la comisión de Festejos de la Cámara de Comercio, cosa esta última a la que- no se accedió "por el carácter puramente religioso y espiritual de nuestra Hermandad".
De estos años proceden algunas mejoras de la procesión: inclusión de seminaristas cantores, adquisición de faroles, ropas, etc., y sobre todo la ejecución de las magníficas andas del Cristo Yacente proyectadas por don Víctor Eusa.
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Acaso los párrafos que preceden, por ser, preferentemente anecdóticos, han llevado al ánimo del lector la impresión de que durante estos años la Hermandad, no se preocupó de otras cosas que de adquirir pasos nuevos, faroles y ropajes antiguos, y organizar las procesiones. Nada menos cierto. Nuestra Cofradía estuvo en todo tiempo, como lo está actualmente, atenta a la perfección espiritual de los hermanos, organizando funciones religiosas, sermones, ejercicios espirituales, Vía Crucis públicos y actos de culto colectivo. Estuvo asimismo presente en cuantas ocasiones se presentaron para: proclamar su fe católica y su adhesión a los Sumos Pontífices. Enumerar tantos actos, sería interminable: Centenarios de la Virgen del Camino, de San Francisco Javier y San Luis Gonzaga; peregrinaciones a Javier y Roma, desagravios públicos por los ultrajes cometidos contra Pontífices y Obispos, protestas contra leyes sectarias, recepciones de Nuncios y Obispos … |
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Sirva pues esta nota para compensar cuantas omisiones cometamos en la sucesivo.
Del año 1927, es la iniciativa de fundar la Sección de Hermanas de la Soledad. En un principio se tropieza con algún reparo de la comisión del Excmo. Ayuntamiento, patrono de la Cofradía de aquél nombre. Mas el tiempo se encargará de disipar estos roces, y confirmar la creación de tan benemérito grupo de devotas de la Santísima Virgen de los Dolores.
En los años siguientes, la Hermandad sigue su curso normal, con creciente número de hermanos. En esta época se probó, sin resultado, el cambio de las hachas de cera, por otras metálicas (a estilo de Sevilla) ; se suprimió la chapa numerada que llevaban los entunicados sujeta al brazo con una goma, y se unificó el tipo de caperuza con arreglo al modelo que usamos todavía, suprimiéndose la gran variedad que había en esta prenda del hábito.
También la Junta de Gobierno modifica su atuendo, vistiendo en lo sucesivo túnica negra (en lugar de morada) y caperuza blanca con cruz roja. En el año 1931 (año de la República) se inicia un inquieto período que pondrá a prueba la verdad de muchos sentimientos religiosos, y del que saldrá fortalecida la Hermandad.
En Marzo, la Junta de Gobierno acuerda encargar al gran escultor navarro don Fructuoso Orduna, la ejecución del paso del Cristo Alzado, para sustituir al antiguo.
«Se espera mucho de él» (dice el acuerdo) y en verdad que el escultor no defraudó las esperanzas. Terminó su magnífica obra en 1932, y un generoso hermano pagó totalmente su importe de 17.500 pesetas.
El citado año, aún salió la procesión {mes de marzo), pero al siguiente se planteó la vieja cuestión ya suscitada en los años 33 y 72 del siglo pasado, sobre la conveniencia, o no, de salir el Viernes Santo.
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Se tenían presentes los desórdenes públicos y aún profanaciones cometidas en otras ciudades de la nación y se temía arriesgar, ante cualquier incidente callejero, el considerable patrimonio artístico de la Hermandad. No habiendo unanimidad de pareceres, sobre el caso, se consultó a la Veintena. Una cita de León XIII (carta a los Obispos franceses de 3 de mayo de 1892) decidió la cuestión: "Las procesiones -decía aquél gran Pontífice- no son mas que la floración de la piedad de un pueblo, y lo que es flor, no debe exhibirse, cuando se está de luto. El mismo criterio prevaleció en los dos años siguientes (1933 y 1934) |
Al suprimirse la procesión, se pensó en sustituirla por otros actos religiosos más íntimos. De ahí nacieron el Triduo de Jesús Crucificado, que todos los años se celebra, y el Septenario de la Soledad, que antes se celebraba en la iglesia de San Lorenzo, pero que, a partir de 1932 tiene lugar con mayor solemnidad en la Catedral.
Para predicar en dichos actos, vinieron los más célebres oradores sagrados de España, constituyendo un éxito sin precedentes.
Se celebró asimismo una procesión por el interior de la Catedral, a las diez de la noche, con el paso del Cristo Yacente seguido de los hermanos entunicados y de cuatro en fondo. Quienes asistieron a aquellos actos de impresionante fervor, no los habrán olvidado fácilmente.
La Junta multiplica su actividad. Gestiona y obtiene la cesión de la Iglesia del Hospital viejo, para guardar los pasos. Reforma la Capilla de San Agustín para colocar dignamente al Cristo Alzado, y estudia la reorganización de la Sociedad de Socorros mutuos de la Hermandad.
Esta sección, cuyo reglamento databa del año 1889, llevaba una vida lánguida, por el escaso número de asociados y la pequeñez de las cuotas. Varios hermanos de generoso espíritu cristiano, quisieron infundirle nueva vida, mas sus esfuerzos tuvieron poco éxito.
El establecimiento posterior de entidades oficiales de previsión y seguro obligatorios, y la creación de vastos organismos de Caridad Diocesana y Parroquial han motivado que de momento se olvide aquella castiza institución de mutualidad cristiana.
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Una breve tregua en las luchas políticas, permite sacar la procesión en el año 1935, con éxito sin precedentes. La acompañan 1.212 entunicados, y la gente que viene de fuera a presenciarla, utilizó los servicios de 152 autobuses. Este año se aprobó por fin el Reglamento de las Hermanas de la Soledad y se hicieron reformas en su Capilla. También se instaló el alumbrado eléctrico de los pasos, en sustitución del "prestolit" que se venía usando. Un detalle curioso para los etnólogos. La talla mínima para ser soldado romano, que en el año 1900 era de 1'65 metros se sube a 1'70. También es de este tiempo el cambio del emblema de la Hermandad, adoptándose las cinco cruces de la Orden del Sepulcro, en lugar de la sencilla Cruz latina. |
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Se inicia el año 1936, con la bendición por Monseñor Olaechea (recién posesionado de la Diócesis) de una magnífica bandera bordada por las Madres Adoratrices y costeada por una señora piadosa. Las incidencias políticas desaconsejan la salida de la procesi6n, que otra vez se celebra en el interior de la Catedral.
¡La lluvia! La mayor enemiga de 1as procesiones ¡Y qué difícil preveerla, en un clima tan variable como el nuestro, y en una época tan incierta como es la primavera!
El año 1940 la Junta que desde hace años celebra sus reuniones en la Iglesia del Hospital viejo, trabaja para allegar nuevos hermanos. No hay procesión por causa de la lluvia, lo que supone alguna economía. Se reanuda la costumbre d colocar la bandera en la Casa del Prior el día del Corpus.
A esta procesión del Corpus asistía siempre una representación de la Junta de Gobierno, con velas y ramitos de flores. Posteriormente acude toda la Junta pero ignoramos por qué se suprimió el detalle de los ramos de flores, que aún conservan otras cofradías.
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El itinerario de la procesión de Viernes Santo, sufrió una alteración en el año 1941, recorriéndose por vía de ensayo, las Avenidas de Carlos III, San Ignacio y Roncesvalles. Al parecer no tuvo éxito, pues no se ha repetido. Del mismo año data la costumbre de celebrar una misa por los hermanos difuntos, en la Capilla del Cementerio el día de Todos los Santos.
La guerra europea, ocasiona grandes dificultades que durarán muchos años, para la adquisición de parafina con destino a las hachas. Reducida la entrega de este producto a cupos determinados, las Juntas de Gobierno se ven obligadas a dedicar todos sus desvelos para solucionar este problema tan importante para el alumbrado de la procesión.
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Con estas dificultades, terminan los años 1943 y 1944. El 1945 no sale la procesión (lluvia) y el rumor público cree como de costumbre, que ello supondrá la adquisición de algún paso nuevo. El estado de la Hermandad es floreciente. Hay 2.815 hermanos y 815 hermanas. Se han hecho economías y se ha recibido un legado de 9.000 pesetas de un hermano {toda su modesta fortuna) para la construcción de un paso. La Junta se decide a encargar dos nuevos buscando directamente a los artistas. |
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Don Jacinto Higueras envía un proyecto que agrada; su precio es muy razonable y se acepta. Con el otro escultor, don Mariano Benlliure, hay un pequeño forcejeo económico que se soluciona en entrevista personal celebrada en el Balneario de Betelu.
Quedan ultimados los contratos. Higueras realizará la Flagelación por el precio de 25.000 pesetas. A Benlliure se le pagarán 55.000 pesetas por el Ecce Homo.
Se reciben numerosos donativos y entre ellos la oferta de un contratista navarro para traer gratuitamente los simulacros desde Madrid, atención muy estimable en tiempos de escasez de gasolina y transporte. Recibidos los grupos escultóricos, fueron expuestos para recibir la sanción popular .La opinión general se mostró conforme con la obra de Benlliure. En cambio el grupo de la Flagelación fue objeto de acerbas críticas. Su autor, mezclado entre los grupos que desfilaban, tuvo la paciencia de escuchar en silencio todas las censuras.
Higueras, es hombre de ejemplar modestia, y lejos de enfadarse, se dirige a la Junta, para que le devuelva la figura de Jesús, "a fin de reformar su estructura y hacer que cambie la impresión un tanto desfavorable que ha recogido personalmente, entendiendo que no ha satisfecho a la opinión general".
Esta opinión general que, tampoco quedó enteramente satisfecha, después de la reforma, se excedió quizás en la dureza de sus juicios. Hay que reconocer que la figura de Jesús, de este paso, no carece de espiritualidad y que logra expresar con acierto los rasgos con que el profeta Isaías señaló al Salvador: "Varón de dolores y que sabe lo que es padecer, y su rostro como cubierto de vergüenza y afrentado".
Hechos destacados de este año y los siguientes próximos, son la supresión de las mujeres penitentes, que descalzas y cubiertas con velos, venían incorporándose a las procesiones desde hacía muchos años, y la instauración del rezo público del Vía-Crucis en los domingos de Cuaresma, los cuales se celebraban al principio en la capilla de la iglesia de San Agustín, y actualmente en la Catedral.
Asimismo son de esta época, la reforma de algunos artículos del Reglamento, la iniciación de propaganda radiada, y la ejecución de andas para los nuevos pasos.
Los dos se inauguraron en la procesión de 1947. Los antiguos pasos de la Flagelación y el Ecce Homo, se encuentran ahora en Mélida.
El mismo año se puso en práctica una idea cuyo acierto ha sido confirmado por la experiencia. Nos referimos a la procesión llamada del Silencio que se celebra la víspera del Domingo de Ramos, para trasladar la imagen del Cristo Alzado a la Catedral, donde una vez llegados se procede a la bendición de hábitos de los nuevos cofrades.
Por su especial seriedad y el acertado carácter que se ha sabido darle, esta procesión ha adquirido ya un profundo arraigo.
El joven escultor peraltes Ulibarrena, recibe en 1948 el encargo de reformar el paso de la Cruz a Cuestas. En realidad lo hace casi todo nuevo y su tarea artística merece general elogio. También efectuó algunos retoques en el Descendimiento, que fue después policromado por Muñoz Sola, el gran pintor tudelano.
La iniciativa de celebrar todos los viernes del año un breve acto de súplica en la capilla que la Hermandad ocupa en San Agustín, es acogida con entusiasmo (1949). Mas pronto languidece tan hermosa práctica, y aún llega a extinguirse, quizás por inconvenientes de horario.
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Las viejas cofradías que precedieron a la Hermandad, tuvieron concedidas expresamente numerosas indulgencias y aunque la Hermandad de la Pasión podía ser considerada como su continuadora, existían dudas de si eran válidas para ella, las gracias concedidas a sus antecesores. Tal cuestión, que venía preocupando a la Hermandad desde hacía muchos años, se resolvió de estupenda forma en el año 1949. Para ello, la Hermandad se erigió en Cofradía de la Pasión o de la Vera Cruz, agregándose a la Archicofradía del mismo nombre, establecida en Roma por los PP. Pasionistas de San Pablo de la Cruz. Esta incorporación, realizada sin menoscabo de la naturaleza, constituciones y reglamentos propios, permite participar a los cofrades de la Hermandad de las abundantísimas gracias concedidas por varios Pontífices a dicha Archicofradía de Roma y sus agregadas; indulgencias numerosísimas que pueden verse en el sumario que todos debemos conocer. |
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La solicitud de la agregación, iniciada por el Hermano Capellán, bien informada por nuestro Hermano Mayor Excmo.. Sr. Arzobispo y tramitada con rapidez gracias al celo de dos sacerdotes pamploneses, se resolvió favorablemente por el R. P. Procurador General de los Pasionistas. Desde entonces, celebra todos los años la Hermandad la fiesta de San Pablo de la Cruz (28 de abril)
La construcción de unas andas dignas para el paso de Jesús Crucificado, y la confección de vestimentas apropiadas para los magnates que lo escoltan son motivos de actividad para la Junta en el año 1949. Colaboró desinteresada y magníficamente en esta tarea, la esposa de un Hermano.
Graves preocupaciones se derivan de la endémica escasez de parafina y también de la dificultad de encontrar telas para confeccionar túnicas y tintes para las caperuzas. A fuerza de ingenio y de desvelos se solucionan, mas a lo que se ve difícil solución es al eterno problema del local que nuevamente se plantea.
Hay rumores, prontamente confirmados, de que la Excma. Diputación va a disponer de la Iglesia del Hospital viejo para los fines de la Institución Príncipe de Viana. Por tanto habrá que desalojar aquél local, donde bien o mal se guardaban los pasos de la Hermandad.
En 1950 se recibe la comunicación oficial y la Junta se dispone a afrontar el problema. Se entrevén varias posibles solucione:: las nuevas escuelas de Compañía, las dependencias de la Catedral. Todo: se estudia; y pondera debidamente.
Esta preocupación no fue bastante para desanimar a la Hermandad en su idea de construir un nuevo paso.
Se trataba de La Caída de Nuestro Señor, para el que se recibieron doce bocetos, eligiéndose entre ellos el presentado por don Manuel Cacicedo, de Bilbao, al que se impusieron las condiciones de modificar la posición de- la Cruz, y modelar una maqueta en barro de tamaño natural. Su importe fue de cincuenta mil. pesetas, al que hubo que agregar como es natural el de las andas y el vestuario de los acompañantes.
Tanto la Junta como los hermanos muestran singular interés por la mejora de la procesión y en la Junta General varios hermanos, apuntan soluciones más o menos acertadas: sustituir las hachas de cera por otras eléctricas, elevar las caperuzas al estilo de Sevilla, restaurar los antiguos grupos alegóricos integrados por niños, restar penitentes de las filas para que vayan dentro, aumentar los grupos de cantores, etc.
Dos importantes actos públicos organizados por la Hermandad tuvieron lugar el año 1951. El día 23 de febrero, 1.700 hermanos entunicados, con la bandera de la Hermandad al frente y acompañando al paso de Jesús Crucificado, recorrieron las calles de Pamplona rezando el Vía-Crucis y visitando cuatro parroquias para ganar las indulgencias del Jubileo del Año Santo.
Igual acto realizaron las hermanas el día 16 de marzo.
El otro acto, que ha tomado ya singular arraigo en las solemnidades de la Semana Santa pamplonesa, consistió en celebrar por primera vez la procesión del Domingo de Ramos con el paso de La Entrada en Jerusalén, acompañado por niños con palmas, y recibido en el atrio de la Catedral por el Sr. Obispo, el cual acogió esta idea con el mayor cariño.
Para mejorar este paso, que antes se llevaba sobre ruedas, se hicieron unas andas (V, Eusa) y se mejoró el policromado de las figuras por el pintor Ramón Stolz.
Con el fin de costear el nuevo paso de La Caída se abría en 1952, una suscripción pública, a la que el pueblo pamplonés, siguiendo el generoso ejemplo de su Ayuntamiento, respondió como siempre, con esplendidez.
El día 7 de marzo, llegaba el paso a poder de la Hermandad. Fue una lástima que hubiera que suspender la procesión -¡una vez más!- por causa de la lluvia.
El problema del local sigue en pie. Aunque el Excmo. Ayuntamiento muestra las mejores disposiciones para ceder algunas bajeras en las Escuelas que se están edificando en la calle Compañía, existen dificultades para ello, aparte de que el problema es muy urgente y las obras durarán algún tiempo.
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Construcción de la Casa de la Hermandad |
Ni cubren tampoco las necesidades de la Hermandad, las bajeras ofrecidas en la Catedral por el Cabildo. Por .todo ello la Junta de Gobierno, en el año 1950 acomete con valentía un proyecto en el que no hubieran podido ni soñar los antiguos fundadores; la construcción de un edificio propio y capaz para conservar los pasos y efectos, reunir las Juntas, tanto de gobierno como generales, y hasta para celebrar actos de culto, dado su carácter de oratorio semipúblico. No procede reseñar aquí las incidencias de tan magna obra, pero sí el señalar a quienes más decisivamente contribuyeron a su realización, y que fueron el Excmo. Sr. Arzobispo, que cedió para solar una extensa faja de terreno en la huerta del antiguo Seminario; el Excmo. Ayuntamiento que ha contribuido con una generosa aportación fijada año tras año en sus presupuestos; la esplendidez de los donantes que concurrieron a la suscripción pública; la desinteresada colaboración de arquitectos y técnicos; y ¿por qué no decirlo?, el entusiasmo de la Junta de Gobierno que dividida en dos comisiones, técnica y financiera, dio tal impulso a la obra, que ya estaba terminada en el año siguiente. El día 3 de mayo de 1955, festividad de la Invención de la Santa Cruz, el M. I. Vicario General procedía a bendecir la casa residencia y oratorio de la Hermandad de la Pasión del Señor, donde con la mayor holgura y respeto Son conservados los simulacros de la Pasión.
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Ha terminado ya la angustiosa necesidad de locales, el eterno peregrinar de unas bajeras a otras, la incomodidad de alojamientos y transportes. Verdaderamente es una fecha señalada para nosotros.
Los años siguientes, no permiten mayores novedades ni dispendios. Todo lo absorbe la amortización de la obra. Pero las Juntas que se suceden, prestan su mayor atención a la conservación y mejora de ropajes efectos, etc., organización de actos religiosos, incremento del número de hermanos y hermanas, asiduidad de los cultos, esplendor de la procesión y eficaz propaganda.
Surgen interesantes iniciativas en orden a elevar el nivel espiritual de los hermanos. Se reparten algunas circulares con este objeto, y se señala como distintivo y emblema interior el Crucifijo de bolsillo.
Quizás no lo sepan todos y por ello es forzoso repetirlo: Todos debemos llevar encima esta imagen del Crucificado, que es nuestro signo y nuestra enseña, al que debemos asirnos igual en los momentos de alegría, para dar gracias, que en los de angustia para pedir ayuda.
Con los nuevos tiempos surgen nuevos problemas. Uno es el derivado del crecimiento demográfico y urbano de la ciudad. Desde que. la Hermandad se fundó, hasta el día de hoy, se ha quintuplicado la población, y su perímetro, desbordando el antiguo recinto de murallas, ha alcanzado extensión enorme.
El número de hermanos de nuestra Cofradía, excede en más de 30 veces al inicial, todo lo cual supone mayor complicación administrativa y de otros órdenes, como organización de procesiones, etc.
Por otra parte la existencia de la nueva casa, con su carácter de oratorio semipúblico, plantea la cuestión de darle un destino adecuado, sin contar con las iniciativas que de tal hecho pueden originarse.
A todo está atenta la Hermandad dignamente representada por su Junta de Gobierno, y podemos estar seguros de que con la ayuda de Dios, se saldrá como siempre adelante.
Esta es a grandes rasgos la historia externa de la Hermandad de la Pasión del Señor, que nacida, con doscientos hermanos escasos, cuenta ahora con más de siete mil; que con esfuerzo continuado, ha podido sustituir su pobreza inicial, por la valiosísima colección de pasos, efectos y ropas que actualmente posee, y que superando el angustioso problema de su ubicación, cuenta al presente con una magnífica residencia propia.
Esta es o pretende ser, la Historia externa de la Hermandad de la Pasión, tan pamplonesa, tan popular, tan querida de todos.
Mas el hermano que haya sabido leer entre líneas, habrá advertido, que la verdadera Historia es otra, más profunda..
Consiste en el sinnúmero de actos de piedad, tanto privados como colectivos, realizados por los hermanos a través de tan piadosa Asociación. Está en la confesión constante y pública de la fe en Dios y la adhesión a su Iglesia, a través de los años y las generaciones.
En la solidaridad con Cristo, perseguido, insultado y Crucificado, cuya inocencia tenemos a honra el proclamar. Está en la permanente actitud de quienes una vez al año desfilan vestidos con la librea de la muerte, porque creen y esperan en la resurrección final.
En los que hacen de la clásica frase procesional "siga hermano", consigna y voz de aliento para indicar el verdadero camino a quienes les sucedan. Está escrita en las páginas de los periódicos, en cuyas esquelas de defunción leemos bajo el nombre del fallecido y como su mejor título: Hermano de la Pasión del Señor.
Está en la convicción de los que conscientes de nuestra miseria, ciframos nuestra salvación en los méritos de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y en la intercesión de su Santísima Madre.
Esa es la verdadera Historia de la Hermandad. Historia de oración, de humildad y penitencia, cuyos capítulos por la Bondad de Dios esperamos estén escritos en el Cielo.
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