La primera referencia que tenemos de esta Cofradía es una escritura otorgada el día 3 de marzo de 1649, en el Convento de la Merced, ante el escribano don Juan de Errazu e Irigoyen.

 Comparecieron en ella, de una parte, Diego Montalvo,. platero; Pedro de Hualde, calcetero; Miguel Izpura, sastre; Germán de Ostabat, cordonero; Pedro Ochagavía, Pedro Portal, Mathías de Alcoz, y Hernando de Jaureguigoyen.

Representaban a la otra don Marcos de Echauri, Secretario del Real Consejo y de la Cámara de Comptos del Reino, Prior de la Cofradía de la Soledad juntamente con seis mayordomos de la misma, en representación de los demás mayordomos y hermanos.

En dicha escritura los primeramente numerados se comprometen a construir un paso del Sepulcro para la Cofradía de la Soledad, ya sacarlo en procesión los días de Viernes Santo, llevándolo precisamente los ocho fundadores, o aquellos que legítimamente les sustituyan o hereden, de forma «que en el llevar dicho paso, han de ser cuatro, con sus túnicas cubiertos y otros cuatro también con sus túnicas y con sus hachas para poder mudarse, y no otros ningunos».

Este paso, cuyo pago, reparaciones y conservación eran a cargo de los fundadores debía ir en la procesión inmediatamente detrás del Santo Cristo Crucificado, siendo precedido por «ocho niños vestidos de hábito de ángeles, con las insignias de la Pasión de Nuestro Señor»

A fines de 1649 estaba ya construido el paso según consta del siguiente recibo :"Digo yo Joan de Aguirre, escultor Bezino del lugar de Asiay (Asiáin) que e recibido de manos de .los mayordomos de un paso que ise de una echura de un santo Cristo, los quoales recibí ochocientos reales, a cuenta de la dicha obra y por ser berdad, lo firmé de mi mano en 31 de Diciembre del año 1649"

Lo que en principio fue una sencilla asociación piadosa de solo ocho hermanos, propietarios de un paso y dependientes de la Soledad, va con el tiempo transformándose en Cofradía con mayor número de partícipes y con reglamentación propia.

 En el año 1672, continúan integrándola, dos hermanos jubilados y ocho activos, cuyos oficios manuales se expresan minuciosamente, como si quisieran destacar el carácter popular de la Cofradía. Sus socios son calceteros, cereros, apothecarios, plateros, carpinteros, basteros y cordeleros.

En esta época se establecen ya las siguientes obligaciones: asistir a las misas de la Cruz de Mayo y de Septiembre, pagar la «limosna que toque», y acudir con luminaria a los viáticos y entierros de los hermanos.

El paso se guardaba en la casa del Prior, y en el día de Miércoles Santo se llevaba al convento de la Merced donde estaba expuesto hasta el Viernes.

Se preceptúa que los niños que van vestidos de .ángeles en la procesi6n "sean crecidicos para poder resistir en ella y que se les dé a comer una cosa muy tenue".

En los años siguientes, la Cofradía aumenta, llegando a sumar veintidos hermanos, cuyos oficios (guanteros, estañeros, boteros, albéitares, pintores, herreros) se siguen anotando. El entrático es de treinta reales, y se trata ya de construir un nuevo paso.

Una costumbre curiosa de esta Sociedad, era que los hermanos tenían que pagar dos reales por la comida que se les servía en la casa del. Prior el día de rendición de cuentas (3 de mayo)

Generalmente los Priores rivalizaban en mostrarse rumbosos y el valor de la comida superaba con mucho a la exigua cantidad recaudada.

Con el tiempo, esta competencia debió resultarles onerosa, y ello motivó el acuerdo del año 1772, que estableció para tales ágapes un menú reglamentario compuesto de los siguientes platos: Primeramente, dos sangres. Un doble, una fricazea, un cordero bueno, el puchero, y para postre unas almendras.

Al aumentar el número de Cofrades con el consiguiente refuerzo económico, la Hermandad montó un nuevo paso que ahora nos parecería pintoresco, pero que sin duda era suficiente para satisfacer la sencilla piedad de aquellos tiempos.

Se componía de un Crucifijo, a cuyo pie estaban la Santísima Virgen, San Juan y la Magdalena, y escoltado todo el grupo por "dos sargentos de ojadelata con sus alabardas y guantes". A pesar de contener tantas figuras, el paso era llevado por cuatro hombres, lo que indica su reducido tamaño.

Más adelante se suprimió este grupo y fue sustituido por el de Nuestra Señora de las Angustias o de las Siete Espadas con su Hijo muerto en brazos. A sus lados siguieron colocándose las imágenes de San Juan y la Magdalena.

Este grupo de las Angustias es probablemente el que se conserva actualmente en la Iglesia de San Lorenzo, en la Capilla lateral derecha del Altar Mayor.

La vida de la Cofradía se desenvolvió normalmente en los siglos XVII y XVIII. En este último se estableció la cuota fija de un real fuerte al mes, y dos reales cuando fallecía algún hermano.

Con los fondos recaudados se pagaban las hachas de la procesi6n y se celebraban doce misas a la muerte de cada cofrade.

Todos los hermanos debían acudir la tarde del Viernes Santo a la casa del Prior para acompañarle hasta la Merced, de donde salía la procesión.

El cargo de Pior era anual, y el saliente designaba a quien había de sucederle. Había un «munitor" y 4 mayordomos para cobrar las cuotas.

A fines del XVIII, se contaban más de cien cofrades, y se estableció un derecho de «post mortem" cuya cuantía no se determina, pero que en 1828 subió a 50 reales, ya 200 el año 1853.

Con la guerra de la Independencia se inicia una época desastrosa para gremios, hermandades y cofradías.

La del Santo Sepulcro estuvo suspendida desde 1808 hasta 1815, «por no haberse podido formar lista en el intermedio, ni podido hacer nueva nominación a causa de la guerra con el "ynfernal Napoleón y sus satélites" (actas de 1815)

El último Prior se vio obligado a huir de Pamplona «teniendo que descerrajar el arca para sacar el dinero y liberarlo por .la persecución que le hacía el comisario de Policía francés II.

Tampoco en los año 1823 y 24 en que estuvo sitiada Pamplona, pudo hacerse cosa alguna; en los siguientes hasta terminar la primera guerra carlista, la Cofradía llevó una existencia precaria.

Con el fin de reanimarla, se reunieron varios hermanos entusiastas, el año 1843. Tuvieron que hacer nuevos reglamentos, por haberse extraviado los antiguos, así como listas, suscripciones, etc.

El año .1844 se dirigieron todas las Cofradías al Ayuntamiento para que permitiera salir la procesión de Viernes Santo, interrumpida durante muchos años. Salió efectivamente, reanudándose .la antiquísima costumbre y ello determinó un fugaz florecimiento de las Cofradías. El número de hermanos llegó otra vez a ser numeroso y hubo necesidad de establecer una Junta de Gobierno para representarlos.

En estos años se consiguió instalar los dos pasos en una capilla de la iglesia de San Agustín, con carácter permanente.

Contratiempo grave fue la epidemia de cólera del año 1855 que castigó duramente a Pamplona, ocasionando la muerte del veinticinco por ciento de los hermanos de esta Cofradía.

El pago de los «post mortem» supuso un gran quebranto económico. La segunda guerra carlista, con el sitio de Pamplona, interrupción de las procesiones y otras circunstancias adversas influyeron también en la decadencia de esta piadosa asociación.

A pesar de ello, se acordó el año 1885 sustituir el viejo paso del Sepulcro por otro nuevo, ya tal efecto se abrió una suscripción que produjo 9.000 reales.

La disolución de la Cofradía en 1877, para integrarse en la nueva Hermandad, interrumpió este proyecto cuya realización fue llevada a cabo por la Hermandad de la Pasión, a la cual pasaron todos los bienes y obligaciones de la del Sepulcro.

El último prior de esta benemérita Cofradía, fue don Ignacio de Aguirre.

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