
El 14 de abril de 1784, Antonio de Zía, vecino de Pamplona, dirigió al Ayuntamiento la petición siguiente.
"Que habiendo desistido los curiales de salir en la procesión de Viernes Santo, llevando el paso del Santo Cristo Alzado, como lo tenían por costumbre, se ofrecen él con otros particulares a hacerlo y a dar a la imagen el culto que se acostumbra, para lo cual pide la oportuna licencia".
A esta petición proveyó la Ciudad con este Acuerdo: «Que se concede por ahora lo que se solicita» (libro de consultas 17 abril 1784)
De tan sencilla manera se fundó la Hermandad del Santo Cristo Alzado, que en su origen solo contó con veinticuatro hermanos.
La nueva Cofradía se hizo cargo de la imagen, y de nueve túnicas y cuatro faroles que habían sido propiedad de los escribanos.
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Los primeros acuerdos fueron: sacar la imagen el día de Viernes Santo, celebrar dos misas cantadas en las fiestas de la Cruz, contribuir a los gastos con un real fuerte al mes cada cofrade y establecer un entrático de dos pesetas para los futuros hermanos. Reglamento propiamente dicho, no parece lo tuvieran hasta el año 1833, y si lo hubo, se ha extraviado. Pero de los libros de actas y cuentas pueden deducirse algunas normas por las que se regían. La Junta general para la rendición de cuentas, se reunía el Domingo de Quasimodo (lº. Domingo después de Pascua) en un Aula del Convento de la Merced. |
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Con tal motivo se tenía una comida a la que llamaban "echar la Ley» la cual tuvo que ser. reducida en vista de los abusos "a una merienda frugal, compuesta de una ensalada, cordero y pescado, y en su defecto, cosa equivalente"
En dicha reunión se designaba nuevo Prior por rigurosa antigüedad. Para el caso de que no supiera leer ni escribir, se prevee el auxilio de un consultor (or. 1847)
Eran ingresos normales de la Hermandad los entráticos, las cuotas mensuales, la cajeta del altar y el platillo de las funciones.
Se contaban como gastos, el aceite de la lámpara, las doce bujías de los faroles del paso, los laureles para adornarlo (se traían de Echalar o de las provincias), los "uvillos de cordeta» para atarlos, las hachas del alumbrado, los estipendios de misas y sermones, además de los bizcochos y vino rancio para el predicador, y los sueldos del secretario y del "monitor, molitor o mulitor".
Además de esto, se encargaba un sufragio por cada hermano fallecido y se pagaba la "difunsión» o post mortem, que varió según las épocas.
La Cofadía siguió con pocas variaciones y contando aproximadamente el mismo número de hermanos (unos 30) hasta el año 1808, época de la invasión francesa, fatal para estas asociaciones.
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Libro de Socorros Mutuos de la Cofradía |
El año 1815, comienza a dar nuevamente señales de vida, y con algunas interrupciones en los años 1821 al 1824 (guerra carlista) vuelve a la normalidad con 31 hermanos. El año 1833, ascendió el número a 48. La Cofadía estaba próspera y se aprobaron unas constituciones muy completas cuyo original hermosamente caligrafiado por don Sabino Larrondo, se conserva en el archivo de la Hermandad de la Pasión. En dichas constituciones, se establecen los cargos de Prior, Diputados, Mayorales y Contador Fiscal. También se nombra un Capellán fijo y se dan normas para celebrar las Juntas. "Si hubiere algún hermano que opinare lo contrario de lo que se propone, lo haga ver con la mayor modestia y sin acalorase". |
Los nuevos cofrades que debían pasar un noviciado de seis meses, tenían los siguientes deberes: acudir entunicados a la casa del Prior, el Viernes Santo a las cuatro de la tarde para acompañarle a la Merced, de donde salía la procesión; asistir a las dos funciones de la fiesta de la Cruz; acudir a los entierros de los hermanos difuntos, y contribuir con las cuotas señaladas.
Sus derechos consistían en la «difunsión" o post mortem y los sufragios después de- fallecidos.
Una innovación muy interesante es la del socorro a los hermanos enfermos, inspirada en sentimientos de caridad, hermosamente expresados en capítulo 18. El Obispo don Severo Andriani, concedió nuevas indulgencias a la Cofradía.
El mismo año en que se aprobaron estas constituciones sobrevino la primera guerra civil, por lo que se paralizaron tan excelentes propósitos, A partir de esa fecha y hasta 1844, enmudecen los libros de actas y no hay vestigios de actividad alguna.
En el año 1845 se reorganiza la Cofradía. Ingresan 66 hermanos. El Prior don Antonio Lipúzcoa regala una reliquia del Lignum Crucis que pidió a Roma con ese objeto, siendo guardada en un relicario de plata, que labró Diego de Udave por el precio de 353 reales fuertes.
En esta época toma cuerpo la idea de socorrer a los hermanos enfermos, y se funda la Sociedad de Socorros Mutuos del Santísimo Cristo Alzado.
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Los hermanos que deseaban inscribirse en ella, eran admitidos previos reconocimiento médico y pago de un entrático variable según la edad. La cuota era de un real al mes y daba derecho en caso de enfermedad a asistencia de médico y cirujano, y socorro de una peseta diaria. En caso de invalidez total se percibía un socorro que variaba según el estado económico de la Sociedad. Aun cuando los 16 capítulos del Reglamento, son un modelo de concisión y claridad, no dejaron de surgir cuestiones, como la que ocurrió en el año 1853. A mediados de Septiembre del referido año, un socio de la Cofradía marchó a las fiestas de El Busto, en cuya plaza tuvo la desgracia de ser cogido por un novillo de lidia que le fracturó la rodilla derecha. |
Libro de Cuentas |
Hospitalizado en Los Arcos, reclamó desde allí a la Hermandad el socorro de enfermo, exponiendo que había sufrido la cogida sin culpa suya, al querer pasar de una casa a otra de la plaza.
Ante lo insólito del caso, la Junta pidió informes a los Sres. Cura Párroco y Alcalde del pueblo, quienes certificaron «que el dicho N. salió a torear voluntariamente, haciendo alarde de gran toreador y por esta causa le cogió el novillo, y por decir la verdad, por su culpa".
A vista del informe, la Junta aplicó la capítula 7 (caso de mal procurado por uno mismo) y denegó el socorro, a pesar de las repetidas reclamaciones del «novillero" que terminó dándose de baja en la Hermandad, acusándola de «poca filantropía".
El año 1847 se reformaron las Constituciones, precisando más las antiguas normas. Para estas fechas se había cerrado el Convento de la Merced, por la que se trasladaron la imagen y el altar a la Iglesia de San Agustín, donde .también se celebraron las dos funciones anuales.
El número de cofrades aumentaba, debido sin duda al aliciente de la Sociedad de Socorros, que funcionaba muy bien. El año 1846 había 96 hermanos.
También la epidemia del cólera de 1855 castigó a esta Cofradía, pues en dicho año fallecieron 15 de sus asociados. Se hicieron rogativas públicas juntamente con las otras Hermandades «para que Su Divina Magestad, se digne librarnos del terrible azote del cólera morbo".
El antiguo Cristo de los Curiales, estaba ya muy deteriorado y aunque le cambiaron la Cruz por otra pintada de verde y le hicieron nuevas andas (1861) que costaron 383 reales, quedaba la imagen vieja y estropeada.
Por esta razón, encargaron una nueva al escultor pamplonés Pedro .Eguaras, quien realizó su cometido a satisfacción de .todos cobrando 2.000 reales vellón por el trabajo.
La imagen, que pasó después a la Hermandad de la Pasión, fue cedida por ésta al Ayuntamiento en el año 1940, para ser colocada en la Capilla del Cementerio, donde se encuentra actualmente.
Con varias alternativas (traslado del altar desde San Agustín a San Nicolás, 1874, descenso de socios durante la segunda guerra civil, etc.) la Cofradía llegó al año 1887, fecha de su disolución, contando 67 cofrades.
Su último Prior fue D. Antonio Inda.
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